Un profesor de Londres camina en la Piura que ya leyó

profesorLucas Jiménez

Diario El Tiempo- Piura.

Son las once y media de la mañana. Gerald no espera, hay parachoques a punto de atropellarlo, pero camina imperturbable entre llantas y escapes en pleno hervidero de combis entre Tacna y Sánchez Cerro, uno de los cruces más caóticos del centro de Piura. Los choferes con manga antirayos en el brazo, ni imaginan que le tocan claxon al autor de “Gabriel García Márquez-una vida”, la biografía tolerada del Nobel 1982; y al autor de la que en poco tiempo será la biografía del Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa.

La primera vez que el jefe del Departamento de Lengua y Literatura Hispánica de la Universidad de Pittsburgh, el británico Gerald Martin, llegó a Piura, fue hace treinta años. Entonces se alojó en el hotel de Turistas, viajaba con su esposa, y solo estaba de paso a Venezuela. Cuando se enteró luego que estuvo en el lugar donde MVLL vio por primera vez a su padre al que creía muerto, supo que tenía que volver. Para alguien que, por tercera vez será el biógrafo de un nobel latinoamericano (también ha escrito sobre la vida de Miguel Ángel Asturias), el viaje a Piura era una deuda consigo mismo, por ser la ciudad que marcó la vida del autor de la Casa Verde, algo así como un volver a la ciudad que ya leyó, por ser además de especialista en Literatura y Cultura Latinoamericanas del Siglo XX, un lector insaciable de la producción de MVLL.

-¿Más allá del  venir a Piura, como investigador y biógrafo de MVLL, hay razones sentimentales del típico lector que añora visitar la ciudad que inspiró a su autor al que admira?

-Se llama fetichismo literario. Tú has leído y después vas al lugar y ocurre un efecto síquico muy interesante, finalmente llegas a la realidad y te parece alucinante, ves la calle donde él (MVLL) ha vivido y encuentras apellidos que ya conoces, porque los leíste en la ficción. Vine a Piura porque La Casa Verde, por ejemplo, me parece una de las cinco grandes novelas de este continente, una pura maravilla. Siento algo muy especial, porque estoy haciendo lo que pensé hacer hace treinta años. El propio Mario lo sabe, porque yo se lo dije, algún día voy a escribir un libro biográfico sobre ti.

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Es martes. Es casi mediodía. Disparar su cámara en la exprefectura de Piura, donde MVLL vivió con su abuelo Pedro, le ha costado a Gerald una severa reprimenda del policía de turno. A miles de horas de este vaivén incandescente, en Portsmouth, a pocos minutos de Londres, al biógrafo de nobeles latinos le espera la intimidad de su oficina, una HP negra, unos libros y un cuadro de Szyszlo, que contrastan con el verde claro de las paredes. Allí se terminará de escribir la biografía de MVLL, por eso esta mañana cruza hacia la plazuela Ignacio Merino, y se planta cámara en mano a fotografiar la casona del excolegio San Miguel, suelta frases como “ahora entiendo… todo era muy cerca”, hasta que ve la calle recién rota. “Ayer no había nada y ahora la calle está perforada. Cómo cambia todo en tan poco”, dice y la perforación del pavimento debido a una obra de saneamiento, lo traslada imaginariamente a la Segunda Guerra  Mundial, cuando perdió su casa en la capital británica.

-Casi me cae un ladrillo.

El Malecón Eguiguren, donde el Nobel se enteró que su padre no estaba muerto y lo esperaba en el Hotel de Turistas, la ribera del Piura donde escuchó por primera vez la pecaminosa palabra “cachar”, el asentamiento Talarita, donde funcionó alguna vez un prostíbulo llamado Verde (posible elemento inspirador de la Casa Verde), las notas del alumno de Quinto Año de Secundaria del actual Colegio San Miguel, Mario Vargas Llosa, del año 52, cuando sacó de nota lo que hoy equivaldría a 16 en Literatura y 11 en Educación Física… todo va quedando guardado en la cabeza de 69 años de este egresado de la Universidad de Bristol, Inglaterra.

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Domingo, 27 de enero, nueve de la noche. El recuerdo que tengo de Piura es literario. Es una imagen como si estuviera paralizada, o congelada. Ya no más, acabo de aterrizar en la ciudad  donde la vida transcurre junto a la arena, el viento, con el transporte en burro, sobre la que he leído por treinta años, en las obras de Mario. De repente llego y todo vive y todo cambió. Y hasta parece que la imaginación es más posible. Quizá por eso  anoche (lunes) en un restaurante, mientras me tomaba dos Pilsen, tuve la impresión de ver a mi abuelo y, al otro lado, un señor que se parecía a mi papá. Obviamente no les podía hablar, porque eran una fantasía. Obvio fue una imaginación, pero fue una cosa muy fuerte. Quién sabe si hay un factor subjetivo en Piura o fue por lo importante, lo impactante que es Piura para mí, por todo lo que leo de MVLL.

Esta es una ciudad con una vida social muy activa, alegre, todo el mundo está hablando con casi todo el mundo. Piura ha colmado mis expectativas.

-¿Se siente como un peregrino que acaba de llegar a la Meca?

-Bueno, yo no idolatro a Mario como los musulmanes idolatran a Alá (risas). Cuando conocí por primera vez a Mario, él tenía 34 años y yo 26. Hoy Mario tiene 77 y yo 69, entonces sí da una especie de vértigo pensar en que en todos estos años he estado tratando de hacer lo que estoy haciendo. Y, muchos años después, estoy aquí ahora en Piura, hablando de Mario que ya está viejo y yo también soy un biógrafo también viejo, entonces lo que me pasa es que en cierto sentido he llegado a la tierra prometida, siguiendo la pista de Vargas Llosa. Cuando veo que él escribió sobre la Piura de hace cincuenta años y ahora ha vuelto a escribir sobre la Piura moderna y desarrollada, eso me demuestra que la historia es como las arenas móviles, siempre cambiantes.

Creo que Piura es la que más inspira la imaginación de MVLL, que pensando en este lugar logró escribir esas obras tan memorables. Intuyo que mi instancia aquí va a hacer lo mismo, que me va a inspirar, de una manera más modesta obviamente, y no soy MVLL. Pero creo que esta parte va a ser muy impresionante. Siempre supe que tenía que venir aquí. Pude no haber ido a Arequipa, pero a Piura de todas maneras. El efecto es mucho más fuerte que Lima, incluso, por los impactos tan dramáticos que tuvo en su niñez. Aquí donde tú y yo estamos (exhotel de Turistas) es donde precisamente conoció a su padre. Para mí esto es hoy la tierra prometida. Pero para él fue el infierno.

-Pero tal vez un mal necesario.

-Habría que preguntarle a Mario si fue una catástrofe haber conocido a su padre, porque si no era así, probablemente no sería premio Nobel, no habría escrito tantas obras.

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