Sombrero de paja de Catacaos es Patrimonio Cultural de la Nación

SombrerosPor. Tania Elías Lequernaqué
DIARIO EL TIEMPO

El sombrero que doña Delia Aquino tejía a las 2:00 p.m. de ayer, en  Pedregal, era como el que desde hace sesenta y cuatro años, cuando tenía diez años, aprendió a hacer. Le dedicaba el mismo cuidado y esmero  mientras sus manos entrelazaban firme, pero delicadamente las hebras de paja toquilla, recordando que así le enseñó su madre, y a ella su abuela. A esa hora, ese sombrero ya había cambiado para el Perú: era Patrimonio Cultural de la Nación.

“Mi madre me enseñó a tejer, la madre de mi madre le enseñó a ella… todas mis hermanas también saben, al igual que lo aprendieron mis tías… yo les he enseñado a mis hijas… Ese sombrero fue de los señores ricos, después fue parte de la vestimenta del hombre del campo… Ahora -aunque menos usado en Perú, llega a otros lados del mundo… Es nuestra vida… de él hemos vivido como nuestros antepasados, y con él nos hemos superado…”

Las palabras de Martha Sosa, una mujer reconocida en la elaboración de sombreros de paja toquilla, resumen la historia que en Pedregal, varones y mujeres brindan cuando un turista llega al lugar y pregunta por los sombreros de paja.

Hoy, ese sombrero ha obtenido el reconocimiento que para muchos la historia le había postergado. El Gobierno, a través de la Resolución Viceministerial N° 033-2013, declaró el sombrero de paja de Catacaos, Patrimonio Cultural de la Nación.

Un recorrido

Delia Aquino tiene ahora 74 años y es de las mayores que mantienen la tradición de elaborar los sombreros que la historia registra como elemento de la vida de Catacaos, desde el S XVIII. A ella le enseñó su madrecita porque ese era su oficio…  Recuerda que la gente iba de otros lugares a Pedregal Grande para comprarlos. Las familias, tanto varones como mujeres porque todos conocían de la confección, se instalaban en la Plaza o a lo largo de la calle Comercio del pueblo, con sus trabajos para venderlos.

Gente pudiente o sencillamente campesinos de los alrededores llegaban en busca de un sombrero. Bien podía terminar en una reunión de alta sociedad -el de paja toquilla- o protegiendo del sol a los hombres de campo durante la diaria faena agrícola -el de junco.

Clara Flores Vitoriana, a sus 81 años, recuerda que “la pajita” -así llama cariñosamente al insumo- la compraban donde doña Claudia o don Pepe -ya finaditos- pero quién sabe de dónde la traerían… “A veces había, a veces no… pero era lo que necesitábamos”. Se refiere sobre todo a la paja toquilla, porque el junco estaba más disponible en la zona.

Su sobrina Martha Sosa, de 46 años, señala que por largas décadas los paquetes venían de Rioja (San Martín) y cuando el precio subió, los intermediarios que les proveían de este insumo, comenzaron a traerla del Ecuador.

Ahora, esa paja toquilla la han encontrado en la sierra de Piura, en El Faique. Por lo menos las cerca de ciento cincuenta integrantes de la Asociación de Artesanas en Paja Toquilla de Pedregal Grande de Catacaos, ya han dejado a los intermediarios para comprar directamente a los productores de la sierra. Ellas les han enseñado a cuidar y a procesar las ramas, para que obtengan la ganancia ofertándola para la confección de sombreros.

La paciencia

El trabajo que realizan es arduo, pero vale la pena, porque saben que en él está su pasado, su presente y su futuro. Pueden demorar una semana en hacer un sombrero. ¿Se imagina Ud. la paciencia? En Pedregal Grande la tienen, y es la misma paciencia que les ha hecho esperar que se valore su esfuerzo.

PARA TODOS LOS GUSTOS

Sombreros gruesos o entrefinos, del tipo chalán -de ala ancha y correo de cuero en la copa- clásico o el cowboy, son los que se ofrecen al público. Su precio mínimo es de S/. 50 nuevos soles y dependiendo de la hebra, pueden costar hasta mil nuevos soles. Todo un trabajo que tiene su precio.

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