La Relación Laboral y la nueva economía

Por Mario Zuñiga, para Exitosa diario
El “teletrabajo” no es un fenómeno nuevo, aunque ciertamente se ha multiplicado en los últimos años con el desarrollo de las nuevas tecnologías y aplicaciones que han expandido casi ilimitadamente las formas en las que una persona puede prestar servicios a una empresa.

Si bien la Ley de Productividad y Competitividad Laboral ya regulaba el “trabajo a domicilio”, este gobierno promulgó la Ley que regula el Teletrabajo. Uno pensaría que si se promulga una nueva ley, la regulación laboral “se está acomodando a los nuevos tiempos”. Este, lamentablemente, no es el caso.

El hecho de que el trabajador pueda prestar sus servicios desde la comodidad de su hogar o en cualquier otro espacio escogido por él o ella le da definitivamente más libertad, y debería ser entendido como una oportunidad para flexibilizar las relaciones laborales. Claro, ya están pensando: “neoliberal, quieres favorecer a la patronal”. No, pienso en el hecho de que esta reducción de costos para el empleador es una oportunidad para el empleado. Puede ganar más o igual, pero aumentar su calidad de vida (por ejemplo, trasladarse menos el caótico tráfico limeño) y ganar autonomía (de la que gozan los consultores, pero con más estabilidad).

La Ley del Teletrabajo, sin embargo, establece que “el teletrabajador tiene los mismos derechos y obligaciones”. Esto significa que tiene derecho al pago de horas extras. Pero, ¿cómo fiscaliza esto el empleador? ¿Cómo fiscaliza esto el Estado? La referida ley, establece además que si el empleado usa sus propios equipos, el empleador debe compensarlo. Nuevamente, estamos haciendo que el empleador asuma un costo que precisamente podía ahorrarse con un “tele-empleado”. ¿Debemos compensarlo por su silla, escritorio, laptop?

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