Todos descendemos de Migrantes

Por Hugo Neira

Tomado de El montonero

Sobre el mestizaje, la doble nacionalidad y la xenofobia

Me parece cuerdo preocuparse si un presidente tiene posibilidades de ser acogido como ciudadano italiano y librarse de una extradicción. Ese es un tema de ética política ventilado por los medios. Pero hay otro tema, de mentalidad. Sospecho que descalifar a un peruano —y no solo a un político— por la posesión de otro pasaporte, y en consecuencia de otra cultura, revela una gravísima xenofobia.

No solo en Perú se confunde etnia y cultura con ciudadanía. En cierta ocasión, contravine en un coloquio en la universidad de Toulouse a un peso pesado del americanismo. Le recordé que Alejo Carpentier, exponente del “alma literaria cubana” era hijo de francés y de madre rusa. Y que Julio Cortázar, el autor de Historias de cronopios y de famas, nace en Bruselas y muere en París. ¿De qué color era el pasaporte de César Vallejo? No pudo volver al Perú del general Benavides, su policía política lo hubiera trucidado en el rincón de una celda por aprista y comunista. Nos estamos olvidando. Vargas Llosa obtiene un pasaporte de España cuando Fujimori le niega la nacionalidad. Y Haya de la Torre, para su exilio, un pasaporte uruguayo. Como han eliminado los cursos de historia —suicidariamente— corremos el riesgo de repetir la historia por no conocerla.  

Desde la xenofobia se duda del peruano con otra nacionalidad. ¿Lo extranjero es el enemigo? Vaya ingratitud. ¿Acaso no amó el Perú el sabio Antonio Raimondi, italiano, con unos viajes al que no se animó ningún criollo del XIX? ¿Y no es acaso una alemana, María Reiche, quien nos devela las líneas de Nazca? ¿Y qué hubiera sido de Garcilaso Inca de la Vega si los humanistas españoles no le abren los brazos? No podía volver al Cusco, excluidos los ‘mestizos reales’ tras Túpac Amaru. ¿No se fue acaso el criollo Olavide, y Baquíjano y Carrillo? No podían volver a Lima, los esperaba la Inquisición.

Seguimos con la costumbre del exilio de los mejores. No ha vuelto ni Julio Ortega, ni José Miguel Oviedo, ni unos doscientos peruanos de gran calidad intelectual, profesores en Estados Unidos e Inglaterra, para alivio de los que no se atrevieron al inevitable éxodo. ¿No dijo Mariátegui que desposaba en Europa una mujer y algunas ideas? La vida artística e intelectual peruana se ha hecho de episodios de arraigo y desarraigo. A veces es saludable irse por un rato, se relativiza las cosas. Por mi parte tengo la nacionalidad francesa. No la pedí, me la dieron. Al ganar un puesto de profesor por concurso público, pasaba a ser funcionario de Estado, y no solo daba clases sino formaba parte de misiones. Antes y hoy, me permite viajar, estudiar, seguir investigando y pensando. ¿Es malo eso?  

Más allá de los casos singulares, millones de peruanos no solo tienen otro pasaporte sino que descienden “de los de afuera”. Afroperuanos, tras el terrible saqueo de la trata de negros. Y de culíes chinos, desde 1849. ¿No es la doble cultura parte de la peruanidad?

Y María Rostworowski ¿no es aimara, polaca, francesa y peruana? Hay que acabar con un mito. No solo la Argentina o Brasil son países de migrantes. Eso es desconocer la historia del hombre. Ya era homo sapiens el que se echa a conquistar el mundo, y a pie, y por Siberia y Alaska, pasan a este continente. El hombre como especie surge en África y en Eurasia y no en el Nuevo Mundo. Para paleontólogos, nuestros primeros americanos fueron asiáticos. Hace unos 30 mil años. Mucho después al Perú llegan italianos, vascos, ingleses, alemanes, japoneses, polacos y judíos, en el XIX. Se suman a los migrantes anteriores. Lo que había emergido eran las culturas. Chavín, Tiahuanaco, originales. Y lo peruano. Por ejemplo, el arte barroco que estudia Ramón Mujica. Pero lo humano viene de lejos. Nos guste o no, somos descendientes de olas migratorias. Indios, blancos, cholos, mestizos, mulatos, zambos, absolutamente todos. El miedo a la doble nacionalidad es un sucio truco electoral para descalificar al rival y en el fondo, un grito pueril y reaccionario.

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