Gracias Tribunal constitucional 

  
Tomado del blog

rosamariapalacios.pe
Hoy Nadine Heredia dio una conferencia de prensa en calidad de Presidenta de su partido político. Dijo sentirse decepcionada por la sentencia del Tribunal Constitucional que la obliga a pasar por un largo proceso de investigación fiscal que ella creía cerrado.
No puedo estar más en desacuerdo con esta postura. Al margen de las molestias personales en tiempo, dinero, desprestigio en su imagen, problema conyugales y partidarios – que no es poca cosa – hasta ahora no hay nada que indique ningún lavado de ningún activo proveniente del crimen organizado. Tampoco ninguna, ojo, ninguna, acusación por haber robado en este régimen.
Todo lo que hay es dinero de campaña, pero ese no ésta sujeto a sanción salvo que se pruebe que proviene del crimen organizado y que hubo dolo en la recepción. Tranquísima. Serán dos años de malos ratos, quiebra personal, pero al final archivaran todo. Mala suerte, pues. Esa batalla política se las ganaron desde que García inventó la “reelección conyugal” y no supieron pararla a tiempo.
Pero la sentencia sobre el caso Nadine Heredia no es del mayor interés porque se le aplique a ella. No. Lean bien. La resolución le tira un elegante tacle en el pecho a Alan García.
El amenazante insultador de magistrados, la semana pasada, se ha quedado mudo en este tema ¿Por qué? ¿No debería celebrar su victoria?
Pues no. El resultado es un boomerang que va directo contra él. El Tribunal ya no sólo autoriza a reabrir investigaciones con “cosa decidida” a casos vinculados a narcotráfico o terrorismo. Ahora, autoriza a reabrir investigaciones “deficientes” en todos los casos. Bingo.
Como ustedes recordaran, poco antes de partir, el Fiscal de la Nación, José Pelaez Bardales – hoy bajo investigación – se encargó de hacerle una investigación por enriquecimiento ilícito a Alan García que era un “ampay me salvo”. Sobre la única base de la información contable que el mismo investigado-solicitante de su propia investigación – presentó, dos peritos contables (uno aprista) determinaron que todo cuadraba lindo. Las charlitas en el exterior, los libritos, el profe, su préstamo hipotecario, en fin, sumado todo, alcanzaba y sobraba para comprar la casa de La Aurora y casi nada más. Incluso se dio el lujo el fiscal de crear expectativa sobe “unas cuentas en París” que bien sabía, no eran nada. Asunto cerrado. Nadie preguntó por todos los viajes al exterior que no corresponden a ninguna charla, los hoteles de 700 dólares la noche donde se aloja en Nueva York con vista a Central Park (¿agosto del 2014?), la pensión a su ex esposa, la educación interna y externa de sus hijos y un largo etcétera que incluye la remodelación de la casa de La Aurora que, por lo que sufrieron los vecinos, baratita no ha sido.
Pero bueno, Alan García lo ha venido repitiendo. “Yo ya fui investigado”. Una y otra vez. Nada se podía hacer. Efectivamente. Consiguió su “cosa decidida” nada menos que del Fiscal de la Nación, como le correspondía por ser ex Presidente. Fin de la historia.
¿Fin de la historia? Ya no.
Sus insultados magistrados del Tribunal Constitucional, por unanimidad, han decidido que cuando una investigación es deficiente, se puede volver a investigar. Que la de Pelaez fue deficiente, lo fue. También, si hay nuevos hechos, no hay cosa decidida. Vamos, “Lavo Jato” no es poca cosa ¿verdad? ¿No se le puede ofrecer al detenido Marcelo Odebrecht full inmunidad penal en el Perú y seguridad jurídica para la ejecución de las obras de su empresa a cambio de un testimonio sobre sus negocios durante el gobierno de García? Digo, como para empezar con la colaboración eficaz.
El Fiscal de la Nación, Pablo Sánchez tiene una gran tarea por delante. El Tribunal Constitucional nos ha devuelto la fe en la lucha contra la corrupción. Que no se amilane nadie, que esto recién empieza.
Si no se pudo en los noventas con el valiente e inobjetable testimonio del ya fallecido Sergio Siragusa – quien dio detalle de cuánto, dónde y cómo entregó dinero al entonces Presidente García – por la prescripción, tal vez en Brasil estén las respuestas a las preguntas que ahora si podrán hacerse.
En política, no hay nada más cierto que “nadie sabe para quien trabaja”.
 

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