España: sobre bofetadas y elecciones

Por, Gustavo Romero Umlauff

A pocas horas de las elecciones parlamentarias en España y durante un acto proselitista en la ciudad de Pontevedra, el presidente del Gobierno y líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, estando acompañado de dirigentes de su agrupación y rodeado de vecinos haciéndose las usuales fotografías de campaña recibió, sin mediar aparente razón, una fuerte bofetada en la cara propinada por un iracundo joven que se le acercó desde el público.
Según versiones de algunos medios periodísticos, se llegó a escuchar que algunas personas presentes celebraron el hecho. El joven fue detenido por la policía y conducido a la dependencia. Durante su traslado, el joven levantó los pulgares, en señal de victoria y sus primeras palabras fueron: “estoy muy contento de haberlo hecho”.
Evidentemente que nos adherimos a la general condena que la colectividad, e incluso los rivales políticos del partido de Gobierno, han hecho sobre ese deplorable acto de agresión que ocurre en el medio de un escenario, donde las finanzas españolas aún carecen de los bríos para salir adelante de la persistente crisis económica.
Este inaceptable hecho de violencia estaría revelando, quizás, el alto nivel de impaciencia que existe en los electores –especialmente jóvenes- por la falta de oportunidades de trabajo y ante la alta tasa de desempleo. Hay que señalar que el grado de desempleo en España es muy agudo respecto a los países de la Unión Europea y del resto del mundo y que, incluso, en los períodos de bienestar económico se ha mantenido alto. Los analistas apuntan, entonces, a que en dicho país existe un desempleo estructural.
De acuerdo con recientes informaciones estadísticas, en España habría aproximadamente cinco millones de personas sin trabajo, y donde el 55% de los meno-res de 25 años se encuentran en desempleo, convirtiéndose en unos de los temas de mayor preocupación política; de ahí que este reprochable acto de agresión de parte de un joven español exterioriza, claro que en forma muy lamentable, el enfado de una juventud que reclama ante el Gobierno por una rápida mejoría y un mejor futuro para sus sus vidas.

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