Austria:el creciente radicalismo europeo

Por Gustavo Romero
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La ajustadísima victoria del candidato por el moderado Partido Verde, Alexander Van der Bellen, en las elecciones presidenciales en Austria exterioriza el preo-cupante crecimiento de la simpatía de sus ciudadanos hacia los partidos nacio-nalistas de extrema derecha en ciertos países de Europa.

Algunos observadores afirman que la abrupta popularidad del radical Partido de la Libertad austríaco, formado por admiradores del social-nacionalismo, se debe-ría fundamentalmente al progresivo enojo de los ciudadanos hacia los partidos más moderados ante la aquiescencia por el aumento del número de migrantes provenientes de Siria, Afganistán, Irak y otros países del Oriente Medio y Levante que huyen de la violencia desatada por el grupo yihadista, de la pobreza y, en general, de la persecución política.

Pero este alarmante ascenso del radicalismo no sólo es monopolio en Austria sino también en otros países de Europa considerados esencialmente humanistas como Francia, Holanda, Suiza, Dinamarca, Finlandia y Suecia, entre otros.

Este drástico viraje en las preferencias partidarias en algunos de esos emblemá-ticos países podría ser explicado por los recelos y perturbaciones que suscita la inmanejable crisis migratoria como consecuencia de las guerras contra el fun-damentalismo islámico y a la vulnerabilidad a la que se encuentran frente a los brutales atentados ocurridos contra la población civil en las capitales europeas.

La cuestión es sumamente compleja, pues Europa no puede mostrarse indolente ante las atrocidades que ocurren en Afganistán, Irak y, ahora, en Siria conocien-do de aún de las adversas consecuencias que la crisis migratoria y la presencia del fundamentalismo puede implicar para sus países; pero el radicalismo partida-rio presiona a sus autoridades para poner cerrojo a aquella cuestión terminando de dificultar las soluciones integrales.

Es factible que el discurso radical sea un atractivo para un electorado europeo disgustado de la falta de propias oportunidades y de reales mejoras sociales y económicas donde el creciente rechazo a ciudadanos que no compartan la mis-ma idiosincrasia sea el único eje de la discusión política más que en la manera de concluir con el conflicto que tanto los afectaría.

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